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12 maggio ¿Soy un biofreak?Me encuentro sumergido en la vorágine de los exámes finales y, como de costumbre, me replanteo la visión que tengo de mí mismo como estudiante de biología. Estoy anclado en un par de temas de Ecología evolutiva que han despertado en mi interior una vez más el ya oxidado amor por las matemáticas. Me siento un biólogo enfermo, segregado de la comunidad estudiantil que detesta las ciencias exactas. Supongo que mi amor por la estadística me aleja del estudiante medio de biología, que encuentra en el análisis poblacional un enemigo desagradable y pendenciero. Algunos están ya hartos de la estadística descriptiva; yo no puedo sino sentir una atracción -casi carnal- hacia las matemáticas. ¿Fruto de mi educación en el Liceo Italiano? Lo dudo. Me considero biofreak como muchos de los que me rodean pero en este caso, ligeramente desplazado hacia la izquierda en la campana de Gauss que describe nuestras preferencias. Me he decidido a escribir este post hace unos instantes, mientras me tomaba una pausa en el estudio, pensando en las ramas que más me llaman la atención de mi carrera. Microbiología, paleontología, entomología, genética, fisiología, bioestadística... Son tantas y tantas... Como siempre, vuelvo a preguntarme si merece la pena interesarse por tantas cosas en lugar de buscar alguna disciplina concreta para centrarse más en ella y poder decir algo así: "mierda, me encanta la ecología". Sueño con encontrar algún día una asignatura que aúne todo aquello que me interesa. Algo así como Micropaleontología genética poblacional de parásitos de artrópodos: recolección y estudio bioquímico, 12 créditos. Suena horroroso, la verdad. Mejor, no suena para nada. Lo que sí suena ahora mismo es la campana del señor Gauss. Debo volver a mi estudio de la demografía. Espero poder centrarme algún día. O no. 10 maggio Capítulos, capítulos, capítulos...Rescato de algún lugar este párrafo. No recuerdo en qué circunstancias lo escribí, aunque puedo suponer por qué lo hice. Retumba en mi cabeza el llanto del mar y reluce ya sin fuerza la vela
de un sueño que ya no es sueño, sino realidad. Todo se da la vuelta y
se retuerce de amor cuando un sueño aparece ante mi. Pero después de un
corto intervalo de tiempo, ese retorcerse tan estético, se torna tosco
y llano: gris. Y tengo miedo de ahogarme. 7 de mayo de 2005 30 aprile Caída libreAsomo a un precipicio que se hace borroso y desconocido. Ya es
demasiado tarde: con un pequeño empujón resbalo por el borde del
acantilado. Ya no nublo la vista de quien me liberó. La caída se hace
eterna. Sueño con alcanzar el pómulo de ella, para morir sobre la causa
de mi existencia; para que se borre mi marca con una caricia y
convertir mi muerte en una excusa para un gesto de ternura. O acabar de
algún modo en su boca y que así ella recupere el salado de la tristeza
y la confusión de quien me dejó caer. A pesar de que nada de eso sucede
no pierdo la esperanza: mi caída es fugaz pero mi recuerdo permanecerá.
Eso me consuela. Una mano, por favor, una mano suave que recoja mi
pena, una mano que sirva de cuna para mi muerte. No, tampoco. Ahora sí
es tarde para soñar con una muerte dulce. No es dulce la caída de una lágrima, es salada. 21 aprile Mi hermano tiene la varicelaCon la mente ligeramente retorcida sobre sí misma y una sensacion de no entender muy bien qué está pasando, doy un paso y entro en el vagón, encerrado como de costumbre por la música que me separa definitivamente de lo que sucede al margen de mí. El tren ya ha comenzado su trayecto cuando percibo de soslayo un movimiento sospechoso a un par de metros del lugar donde me encuentro recostado en espera de alcanzar mi parada, la siguiente. Dicho movimiento se acompaña con un sonido que identifico inmediatamente con el de una palmada, dos, tres... Levanto la mirada cansada para intentar salir del mundo que me atrapa como cada mañana. Esto es lo que observo.
Un hombre sentado cerca de mí, de aspecto limpio y cuidado y con unas sutiles facciones de origen sudamericano, mira hacia delante. Viste una camisa elegante pero sin corbata. Me percato enseguida de que su mirada no busca nada, está huyendo de algo, perdida en alguna parte del asiento de enfrente. Sólo entonces veo un hombre a su lado, de pie. De una manera instantánea, relaciono el sonido que me había hecho despertar con esa figura destartalada. La figura de un muerto lo suficientemente alto y despeinado como para parecer peligroso. Las mangas de su camisa azul rebosan por fuera del jersey ennegrecido. Su mano derecha está chocando con la espalda del hombre sentado. Da miedo. Éste, ahora lo entiendo, no quiere mirar a su agresor. Lo que empiezan siendo desagradables palmadas en la espalda, terminan por convertirse en golpes y amenazas. El hombre sudamericano procura no moverse, el miedo está escrito en su perdida mirada. No distingo bien qué palabras articula el hombre del jersey, pero agarra la manga de su despeluchado jersey para ensañar al hombre sudamericano las marcas en las bases de los dedos y en las muñecas. ¿Heroína? Quizás, en ese momento no me importa. Un escalofrío me recorre la espalda. Comienzo a sentir una mezcla de miles de sensaciones totalmente imposibles de describir.
¿Qué debo hacer? Vamos, valiente, salva a ese pobre hombre de la agresión de ese proscrito. Pídele al agresor que se vaya, que deje en paz a ese pobre hombre que ni siquiera osa mirarle. No, empújale, golpea su cabeza. La confusión vuelve una vez más. ¿Quién me está dando más pena? ¿Por qué es tan injusto el mundo? Escucho algunas palabras sueltas.
........ te puedo partir la cabeza ...
.....................
... ........... sois la puta mierda ......... te rompo la cabeza... mira, mira, mira....
... sois unos hijos de puta
............
Siento que deseo irme, volver al mundo del que había salido, encerrarme de nuevo en mi música, en mi sueño, en mi inocencia. Procuro no mirar lo que está sucediendo: no quiero sentirme responsable de nada de lo que pueda suceder. Sólo espero con angustia a que se pare el tren en la siguiente estación, y el trayecto se me hace interminable. Quiero que ese hombre con la mirada perdida que tan mal lo debe estar pasando, pueda levantarse del asiento observado por los que somos espectadores de la tragedia. Y pueda salir de ahí. No, no. Lo que pienso es que quiero salir yo, quiero irme de un lugar donde existe la violencia gratuita. Quiero volver a mi mundo, nuestro mundo, donde una muerte, un maltrato, una injusticia o una vejación suceden en el patio pero no en mi casa.
Vivo en un cuento de hadas. Mis preocupaciones son los príncipes atractivos y las princesas de escotados cuellos y rebosantes senos. O unos ojos bonitos. La gente se muere en el mundo: es triste recordarlo sólo cuando lo veo a mi lado. He huído de ese vagón: me siento espectador de un teatro de mierda; soy uno más. 16 aprile Seis anotaciones, Adán y Eva01.- Lo que realmente da miedo, casi escuece, es darse cuenta de lo que sucede. Da miedo ser consciente de lo que realmente está pasando. Por suerte, he sabido cultivar una habilidad especial para evitarme ese problema. Y es cierto: los valientes no son los que no tienen miedos, sino los que no los confiesan. Entonces sí, soy valiente.
02.- He recuperado los viajes a pie. Los ciegos me miran, los sordos me escuchan, los mudos me delatan. Por decir tantas cosas y sentir siempre lo mismo. A través de lo mismo. Y pasarlo bien o no, pero pasarlo YO.
03.- No poder mirar atrás.
04.- Hemos visto que la gente no cambia, sigue siendo igual aunque cambien su peinado, su forma de vestir y sus palabras preferidas. Las apriencias cambian, en el fondo, todos somos iguales a nosotros mismos. Es por la misma razón por la que la música sigue sonando igual al tumbar los altavoces.
05.- No poder mirar hacia delante.
06.- Qué manojo de neuronas somos, qué tontos y amables. Somos capaces de esperar horas para oir una palabra, sentir una caricia, terminar de respirar. Somos necesariamente animales de compañía; un espíritu necesitado, un alma corrupta de soledad.
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