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10 maggio Capítulos, capítulos, capítulos...Rescato de algún lugar este párrafo. No recuerdo en qué circunstancias lo escribí, aunque puedo suponer por qué lo hice. Retumba en mi cabeza el llanto del mar y reluce ya sin fuerza la vela
de un sueño que ya no es sueño, sino realidad. Todo se da la vuelta y
se retuerce de amor cuando un sueño aparece ante mi. Pero después de un
corto intervalo de tiempo, ese retorcerse tan estético, se torna tosco
y llano: gris. Y tengo miedo de ahogarme. 7 de mayo de 2005 16 aprile Seis anotaciones, Adán y Eva01.- Lo que realmente da miedo, casi escuece, es darse cuenta de lo que sucede. Da miedo ser consciente de lo que realmente está pasando. Por suerte, he sabido cultivar una habilidad especial para evitarme ese problema. Y es cierto: los valientes no son los que no tienen miedos, sino los que no los confiesan. Entonces sí, soy valiente.
02.- He recuperado los viajes a pie. Los ciegos me miran, los sordos me escuchan, los mudos me delatan. Por decir tantas cosas y sentir siempre lo mismo. A través de lo mismo. Y pasarlo bien o no, pero pasarlo YO.
03.- No poder mirar atrás.
04.- Hemos visto que la gente no cambia, sigue siendo igual aunque cambien su peinado, su forma de vestir y sus palabras preferidas. Las apriencias cambian, en el fondo, todos somos iguales a nosotros mismos. Es por la misma razón por la que la música sigue sonando igual al tumbar los altavoces.
05.- No poder mirar hacia delante.
06.- Qué manojo de neuronas somos, qué tontos y amables. Somos capaces de esperar horas para oir una palabra, sentir una caricia, terminar de respirar. Somos necesariamente animales de compañía; un espíritu necesitado, un alma corrupta de soledad.
03 aprile ¡Buen viaje, camarada!La gente es de ideas fijas. Es costumbre pensar que un cuento debe empezar por el principio y terminar por el final. Sin embargo, pese a lo que la mayoría de la gente cree, los cuentos ya han terminado antes de empezar. Pocos cuentos empiezan sin que el final esté ya escrito. Y éste, el cuento de una Vida, es el que más miedo nos da. Porque cuando pensamos en su final, los párpados se cierran y resbalan las lágrimas de la soledad. Y éste, el cuento de una Vida, se escribe con pluma como todos los que ya han acabado. Y las páginas en blanco no se leen, y los borrones en negro tampoco se leen, y las páginas que nadie desea ver tampoco se leen, y las páginas arrancadas tampoco se leen. Y que no las encuentre nadie: reza. Un latido de corazón poco oportuno, un secreto guardado en caja sin llave, una frase que escapa de la bolsita de los nervios: una vida se rompe y un cuento termina. Por eso el cuento de una Vida empieza por donde termina. De otro modo, ya se habría acabado. No hay que dejar de escribir nunca, ¡cobarde! Un lugar le sugería una obra, la novela era cuanto le acudía a la mente, "sin propósito muy determinado ni plan" |
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